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viernes, octubre 14, 2005

Noticias de la ciencia

  -COMPARACION DEL GENOMA DE CHIMPANCE CON EL HUMANO: Comparando el
genoma humano y el del chimpancé (primer genoma secuenciado de primate
y cuarto de mamífero), los científicos pueden identificar cambios en
el código genético humano que resultaron ser tan ventajosos durante
la evolución que rápidamente se convirtieron en norma para nosotros.
 
 
  Las áreas del ADN humano donde ocurrieron estos cambios son
actualmente objeto de investigaciones para identificar las
contribuciones potencialmente vitales que ahora hacen a la salud y al
desarrollo del Hombre.
 
  Los científicos detallan su análisis inicial del genoma del
chimpancé, dirigido principalmente a efectuar comparaciones
humano-chimpancé. Según los investigadores, la notable similitud de
este genoma con el humano constituye una herramienta genética poderosa
para el uso de comparaciones entre especies orientadas a identificar
áreas de interés en los ingentes datos contenidos en el ADN.
 
  Richard K. Wilson y sus colegas del Centro de Secuencia Genómica
(GSC) secuenciaron la mitad del genoma de chimpancé. Gran parte de las
secuencias adicionales fue producida por científicos del Instituto
Broad y la Universidad de Harvard.
 
  Tanto el genoma humano como el del chimpancé contienen
aproximadamente 20.000 - 25.000 genes que codifican proteínas en tres
mil millones de pares de bases de ADN. Las secuencias actuales de ambos
genomas son directamente comparables en aproximadamente el 96 por
ciento de su longitud, siendo estas regiones idénticas en un 99 por
ciento.
 
  El análisis proporciona una vista detallada de los cambios genéticos
que impulsaron la divergencia de especies que se materializó en las
evoluciones separadas del chimpancé y del Hombre, y permite vislumbrar
cómo ha continuado el progreso biológico de ambos después de la
separación. A medida que otros genomas de primates y mamíferos pasen
a estar disponibles en los próximos años, la genética comparativa
ayudará a los científicos a identificar muchas características del
ADN responsables de nuestros rasgos únicos, como la capacidad
cognitiva y lingüística.
 
  Debido a que el genoma de chimpancé y el humano son tan similares,
los esfuerzos de los investigadores por revelar las raíces genéticas
de las diferencias de las dos especies concentrarán su atención no
sólo en la identificación de genes alterados o únicos, sino también
en cómo genes básicamente similares se usan de manera diferente.
 
 
 
 
  -EN BUSCA DE LA JIRAFA BLANCA: ¿Qué tienen en común un investigador
africano y el personaje ficticio del Capitán Ahab? La respuesta es que
los dos estuvieron buscando una legendaria criatura blanca, y así como
Ahab buscó su ballena blanca, el investigador Charles Foley buscó y
finalmente encontró... su jirafa blanca.
 
 
  Foley, de la Sociedad de Conservación de la Naturaleza (WCS, por sus
siglas en inglés), oyó por primera vez la historia sobre este animal
en 1993, cuando comenzó a trabajar en el Parque Nacional de Tarangire,
en Tanzania, donde lleva a cabo una investigación a largo plazo en las
poblaciones de elefantes de la sabana.
 
  "A pesar de haber realizado búsquedas intensivas, nunca había visto
a la jirafa", remarca Foley. "Alrededor de 1994, las supuestas visiones
de la misma dejaron de ser comunicadas, por lo cual asumí que debía
haber muerto, tal vez a mano del hombre o de algún animal. Sin
embargo, nunca dejé de seguir observando".
 
  Doce años después, Foley fue recompensado por su perseverancia.
Mientras estaba realizando un estudio aéreo de subpoblaciones de
elefantes del parque, algo blanco atrajo su mirada. "Miré, parpadeé,
miré de nuevo... y todavía estaba allí", recuerda.
 
  No contento con una única observación, Foley le pidió a su piloto,
un investigador de la WCS, David Moyer, que realizara otra pasada por
encima de la "mancha" blanca, para corroborar su identidad, por lo que
pasaron justo por encima de los árboles. Viajando a unos cien
kilómetros por hora, Foley pudo capturar la imagen de la jirafa blanca
en su cámara fotográfica, finalizando su búsqueda después de doce
años.
 
  La fotografía muestra una jirafa principalmente blanca con pequeñas
manchas oscuras en su cuerpo. Sólo la mitad inferior de sus patas era
del tradicional color marrón, según explica Foley.
 
  Foley duda que la jirafa hallada sea la misma que la avistada por
otras personas en 1993. Cree que probablemente la actual no sea un
animal albino puro, sino sólo bastante más claro de lo normal. No
obstante, siente que la inquietud que lo llevó a buscar a la jirafa
blanca se encuentra ahora satisfecha. A diferencia de Ahab, pudo vivir
para contar la historia.

  -COMO LOS ABEJORROS SELECCIONAN LAS FLORES: De la misma manera que los
viajeros concluyen qué restaurante es bueno por el número de
automóviles estacionados en el parking, los abejorros deciden qué
flores visitar viendo cuáles de ellas tienen ya visitantes.
 
 
  Los experimentos realizados han mostrado que los abejorros que vieron
a otros buscando alimento en flores verdes artificiales tenían el
doble de probabilidades de escoger dichas flores verdes por encima de
otras anaranjadas cuando llegaba su turno de alimentarse.
 
  El hallazgo es la primera demostración de que los insectos pueden
aprender a través de la simple observación de la conducta de otros
insectos. Bradley D. Worden, ecólogo conductual de la Universidad de
Arizona (UA) en Tucson, llevó a cabo su trabajo con Daniel R. Papaj,
profesor de ecología y biología evolutiva de la UA.
 
  Los investigadores entrenaron abejorros para visitar un color
particular en busca de comida utilizando "flores artificiales"
(círculos verdes o anaranjados de papel que tenían 7 cm de
diámetro). En algunas de las "flores" los abejorros podían
alimentarse en mechas de algodón empapadas con agua azucarada. Sin
entrenamiento, los abejorros tendían a preferir el color anaranjado
sobre el verde. Los abejorros, que pueden ver fácilmente la diferencia
entre los dos colores, aprendieron a preferir el color que tenía el
agua azucarada.
 
  Los abejorros entrenados visitaron un área de alimentación que
tenía tres círculos verdes y tres anaranjados. Un tubo pequeño de
plexiglás con un puerto de observación fue posicionado a 25 cm de
distancia. A otros abejorros, uno a uno, se les permitió apretar sus
caras contra el puerto y mirar de 3 a 12 abejorros entrenados
alimentarse durante 10 minutos. A esa distancia, un abejorro observador
podía notar que había congéneres suyos en las flores, pero
probablemente no lo que hacían. Un conjunto separado de abejorros
observadores sirvió como control: tenían que mirar el área de
alimentación, sin abejorros en ella, durante 10 minutos.
 
  Entonces se apagaron las luces y los abejorros que se estaban
alimentando y sus "flores" fueron retiradas. Un nuevo conjunto de tres
flores artificiales verdes y tres anaranjadas fue instalado en el área
de alimentación, pero las flores no tenían comida y la distribución
de los colores particulares era diferente de la que los abejorros
habían observado.
 
  Se permitió entonces que los abejorros observadores, uno a uno,
visitaran las flores artificiales. Los que habían observado a otros
alimentarse en las verdes tuvieron el doble de probabilidades de
visitar los círculos de ese color. Esto no ocurrió en cambio con los
abejorros del grupo de control.
 
  Para asegurarse de que los abejorros observadores no eran
influenciados de alguna manera por señales de olor, Worden empleó en
una nueva tanda de pruebas modelos de abejorro de tamaño real hechos
de resina, pintados con los colores pertinentes y con alas de verdad
pegadas encima. Entonces repitió los experimentos con un nuevo
conjunto de abejorros observadores que espiaban el "comportamiento" de
los modelos. Cuando les llegó el turno de alimentarse, los
observadores prefirieron el color que los abejorros maniquí estaban
"visitando".

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