-LAS NANOPIELES, PROMETEDORAS COMO DISPOSITIVOS ELECTRONICOS
FLEXIBLES: Un equipo de investigadores ha desarrollado un nuevo proceso
para fabricar "nanopieles" flexibles y conductoras, útiles para una
gran variedad de aplicaciones, desde el "papel electrónico" a los
sensores para la detección de agentes químicos y biológicos. Estos
materiales combinan la fuerza y conductividad de los nanotubos de
carbono con la flexibilidad de los polímeros tradicionales.
"Los investigadores se han mostrado interesados durante mucho tiempo
en la combinación de nanotubos y polímeros, pero ha resultado
difícil diseñar la superficie de contacto entre los dos materiales",
explica Pulickel Ajayan, Profesor de Ciencia e Ingeniería de los
Materiales en el Instituto Politécnico de Rensselaer. "Hemos
encontrado una forma de introducir arreglos de nanotubos en una matriz
de polímero suave sin perturbar la forma, tamaño, o alineación de
los nanotubos".
Los arreglos de nanotubos generalmente no mantienen su forma cuando
son transferidos, porque se encuentran unidos por fuerzas débiles.
Pero el equipo ha desarrollado un nuevo procedimiento que les permite
hacer crecer un arreglo de nanotubos en una plataforma separada y
después llenarlo con un polímero suave. Cuando el polímero se
endurece, esencialmente es arrancado de la plataforma, dejando una piel
flexible con los arreglos organizados de nanotubos incrustados en ella.
Las pieles pueden doblarse, o enrollarse como un pergamino,
manteniendo su capacidad de conducir la electricidad, lo que hace a
estos materiales ideales para servir como "papel electrónico" u otros
productos electrónicos flexibles.
El concepto general, hacer que los nanotubos crezcan en una plataforma
rígida, organizados de maneras distintas, y transferirlos luego a una
plataforma flexible sin que pierdan esta organización, podría tener
muchas otras aplicaciones, desde estructuras de adhesivos similares al
Velcro, a materiales para la interconexión de los nanotubos en la
electrónica.
Los investigadores también prevén usar el proceso para fabricar
detectores de gases y sensores de presión miniaturizados.
En el proyecto han colaborado asimismo Swastik Kar (investigador
posdoctoral en el Instituto Politécnico de Rensselaer), Yung Joon Jung
(profesor de ingeniería mecánica e industrial en la Universidad del
Nordeste y reciente estudiante doctoral en el laboratorio de Ajayan),
así como otros investigadores del instituto antedicho y de la
Universidad Estatal de Nuevo México.
Información adicional en:
http://www.amazings.com/ciencia/noticias/070406a.html
-COMO RECONOCEN NUESTROS CEREBROS A OTROS INDIVIDUOS: Imagine
encontrarse con un compañero o compañera de clase de la escuela
secundaria a quien siempre quiso conocer mejor. Luego imagínese al
chico que lo empujaba en los pasillos. ¿Reaccionaría usted de modo
diferente? ¿Qué pasa en su cerebro durante esos reencuentros? Una
investigación aporta nuevos datos al respecto.
De hecho, diferentes áreas del cerebro reaccionan de modo diferente
al reconocer a distintos sujetos, dependiendo de las emociones
asociadas al recuerdo, según ha encontrado un equipo de psicólogos de
la Universidad de Cornell. El equipo, dirigido por el profesor de
psicología Robert Johnston, ha llevado a cabo los experimentos para
estudiar el reconocimiento individual.
Pero en vez de malograr las reuniones de ex-compañeros de escuela
secundaria llevando a remolque una máquina de MRI, los investigadores
se quedaron en su laboratorio y crearon encuentros sociales entre
hámsters dorados. Entonces examinaron los cerebros de los animales
para buscar evidencia de esos encuentros.
El año pasado, el equipo de Johnston llevó a cabo el primer
experimento para demostrar la base neuronal del reconocimiento
individual en los hámsters e identificar qué áreas del cerebro
tomaban parte en éste.
Una mejor comprensión de estos mecanismos puede ser de importancia
capital para tratar ciertas formas de autismo, el síndrome de
Asperger, las psicopatías y los desórdenes sociales de la ansiedad.
La capacidad de reconocer a los otros individuos es fundamental en la
conducta social de virtualmente todos los vertebrados y también de
algunos invertebrados. Los humanos tenemos una habilidad increíble de
reconocer, recordar y guardar gran cantidad de información sobre los
individuos, incluso sobre personas con las que nunca nos hemos
encontrado realmente. Esta capacidad es el centro de los circuitos que
forman lo que podríamos llamar el cerebro social.
El equipo de Johnston usó los hámsters para estudiar el
reconocimiento porque sus cerebros se parecen mucho al nuestro; son
más sofisticados de lo que se suele creer.
En el último experimento, un hámster macho encontró a dos
individuos que conocía igualmente bien pero con los que tuvo
interacciones diferentes el día anterior: un macho que lo derrotó en
una lucha, y otro con el que nunca había luchado. Los encuentros
imitaron a los que ocurren en la naturaleza.
El hámster huyó del macho agresivo pero fue atraído por el macho
neutro, sugiriendo ello que reconoció a los dos individuos y recordó
sus experiencias con ellos. Los investigadores encontraron actividad en
las partes anterior y dorsal del hipocampo y en la amígdala, entre
otras áreas de su cerebro. Después repitieron el experimento con otro
hámster cuyo hipocampo dorsal anterior fue adormecido con un
anestésico local, y constataron que el animal no evitó al individuo
que lo había derrotado. Esto mostró a los investigadores que esta
región es necesaria para la memoria del reconocimiento. El hipocampo
también se ha relacionado con la memoria del reconocimiento en los
humanos.
Aunque los hámsters reconocen a los individuos por el olor, y los
humanos usamos fundamentalmente la vista, el mecanismo subyacente es el
mismo.
Información adicional en:
http://www.amazings.com/ciencia/noticias/070406b.html
-DESENTRAÑANDO LOS MISTERIOS DE UN ESTALLIDO DE RAYOS GAMMA: El 27 de
diciembre de 2004, los científicos detectaron el fogonazo de rayos
gamma más grande jamás registrado. Provenía de un magnetar (una
estrella de neutrones con un descomunal campo magnético) situado a
50.000 años luz de nosotros. Sus poderosos rayos penetraron
profundamente dentro de la ionosfera, la capa eléctricamente
conductora que envuelve a la Tierra. Ahora se presentan los resultados
de un detallado análisis sobre diversos aspectos de ese evento.
Las enormes y súbitas irradiaciones de rayos gamma, como ésta tan
colosal del magnetar SGR 1806-20, afectan a nuestra ionosfera baja de
una forma masiva. Para los astrofísicos, la colosal llamarada es una
ventana a los singulares procesos que operan en una estrella de
neutrones. Observaron la irradiación de rayos gamma usando dos
observatorios orbitales y se valdrán de los nuevos conocimientos
aportados por este evento para afinar sus teorías sobre esos distantes
objetos.
En cambio, Umran Inan, profesor de ingeniería eléctrica en la
Universidad de Stanford, emplea equipamiento emplazado en tierra para
medir ondas de radio de muy baja frecuencia (VLF) que delatan los
efectos ionosféricos producidos por las descargas de rayos y otros
fenómenos. Él y su grupo de investigadores de VLF en el laboratorio
STRL (Space, Telecommunications and Radioscience Laboratory) de la
citada universidad, monitorizan continuamente la ionosfera para
detectar perturbaciones. No esperaban ver el efecto masivo que el
estallido gamma tuvo en nuestro mundo, iluminando la mitad de la
ionosfera global, pero gracias a su vigilancia constante, pudieron
captar el imprevisto fenómeno.
Vista desde la Tierra, la estrella responsable de la ráfaga de 2004
se encontraba a menos de 5 grados del Sol. Por lo tanto, sus rayos
gamma incidieron sobre la cara diurna de nuestro planeta. Lo más
notable de este fogonazo es que aún inmerso en el período diurno, con
el Sol iluminando la ionosfera, su efecto resultó enorme. Fue, y por
mucho, más intenso que nuestra estrella en términos de producción de
ionización.
Más poderosa y brillante que las irradiaciones nocturnas, la diurna
inyectó 1.000 veces más energía dentro de la atmósfera. Por suerte,
no hay nada similar a este magnetar en nuestro vecindario cósmico. Si
lo hubiera, habríamos sido inundados por rayos gamma.
El estallido gamma de 2004 fue más brillante y energético que el
Sol, pero duró sólo un breve período. Ionizó la atmósfera alta
llegando hasta una profundidad de 20 kilómetros (justo por encima de
donde vuelan los aviones). La fotoionización solar no es efectiva a
tan baja altura porque la atmósfera es demasiado densa. Sus efectos
más intensos en la ionización de la atmósfera (el "pico") duraron
unos pocos segundos. El segundo efecto más intenso (la "estela
oscilante"), duró cinco minutos. Y el efecto de menor intensidad (el
"brillo remanente") duró una hora.
La inesperada irradiación cambió la densidad de iones, a una altitud
de 60 kilómetros, de 0,1 a 10.000 electrones libres por cada pie
cúbico, un incremento de seis órdenes de magnitud.
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